Ficciones que duelen – Literatura y violencia posconflicto en Centroamérica

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Nadine Haas

Universität Hamburg, Alemania

haas@giga-hamburg.de

Culturas de la violencia en África y América Latina

Cultura y violencia

El proyecto de investigación “Culturas de la violencia en África y América Latina” entiende la (re)presentación mediática de la violencia como un problema en primera instancia cultural. La violencia mediática se considera como un campo de actuación estético. Se trata de centrar la atención en el hecho de que la violencia como tal aparece de forma creciente en los medios y en el arte. Sin duda se trata de un fenómeno ampliamente extendido, al que ha contribuido decisivamente la industria estadounidense de cine y televisión. Un contexto global como este es de gran importancia para nuestro proyecto, pero en primer lugar se trata aquí de las manifestaciones culturales específicas de la violencia mediática en África y América Latina. Por eso, el proyecto se basa en las raíces que las representaciones de la violencia tienen en lo más profundo de la cultura. Se orienta especialmente hacia aquellas representaciones que no han sido juzgadas de forma explícita. La violencia cuya representación no queda inmediatamente cercada por una censura notoria se convierte en un escándalo: ¿Puede la violencia tener un significado que no le sea automáticamente denegado cuando se manifiesta? Su significado sólo puede estar en su justificación. Pero en una sociedad ilustrada que tiene su fundamento en arrebatar la violencia a sus miembros para otorgársela al estado, no se permite ninguna violencia fuera del monopolio estatal, y también éste está orientado a impedir la violencia de los ciudadanos a favor de un grado de libertad individual lo más alto posible. Por lo tanto, el empleo de la violencia por parte del individuo sólo es tolerable como prohibición. A esta prohibición se opone inmediatamente el deseo de su transgresión, que se satisface en la exhibición voyeurista de la violencia. La violencia como placer, en el que se despierta un deseo oculto, al final resulta ser inofensiva, ya que se somete como objeto al observador. De modo que también la violencia idealizada en este sentido permanece dentro de unos límites: a su carácter destructivo se le imponen las barreras de lo placentero, como una violencia que, como signo, remite más allá de sí misma a la ausencia del objeto deseado. Sin embargo, la violencia destroza todo lo que tiene sentido y significa únicamente la furia propia de la destrucción. Es violenta por la violencia misma. No se somete a ningún orden ni sirve a verdad alguna porque ella misma pretende ser la verdad. En otras palabras, la violencia no puede domarse con ningún sentido que no sea el de la destrucción.

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“El Cuento de la Guerra”, de Eduardo Bähr

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Compra El cuento de la guerra de Eduardo Bähr, en Casasola Editores

Julio es mes de la guerra entre Honduras y El salvador, guerra entre pueblos hermanos cuyas consecuencias se hicieron sentir durante décadas y que, en aras de los caídos de ambos bandos por aquel enfrentamiento absurdo, tenemos la obligación de mantener fresca en nuestra memoria. El cuento de la guerra, de Eduardo Bähr, es el libro que, desde Honduras, nos retrata un conflicto que en 1969 se construyó sobre mentiras.

Comentarios de Helen Umaña sobre El cuento de la guerra:

UNA VISIÓN CALEIDOSCÓPICA  DE LA GUERRA

“El cuento de la guerra -tal como ocurre con La balada del herido pájaro y otros cuentos de Julio Escoto y La ternura que esperaba de Marcos Carías representa la puesta al día, con relación a Latinoamérica, de la narrativa hondureña. Un libro, pues, que marca pautas y derroteros: la exploración por estratos anímicos que colindan con el inconsciente a través del monólogo interior; la ruptura de la secuencia lineal y la aplicación de diversos puntos de vista en el mismo cuento. Su acertado y bivalente título -que ya en sí mismo es irónico- alude tanto al contenido general del libro como al trasfondo de las mentirosas y manipuladas versiones oficiales del enfrentamiento bélico, las cuales fueron “puro cuento”, para emplear la conocida expresión popular a la que alude el texto que le da nombre a la obra.

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Errata

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Nos hace saber Nelson Echenique, que el ensayo “Panorama sobre la Poesía hondureña” que publicamos en cinco partes en este blog, corresponde al poeta Oscar Castañeda Batres, no al poeta Pompeyo del Valle, quien por obra y gracia de la vida sigue entre nosotros, compartiendonos su hermosa producción literaria. Pedimos disculpas por el error.

Women’s Poems of Protest and Resistance: Honduras (2009-2014)

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Casasola Editores 2015, Edited by Lety Elvir and Maria Roof
steeped in blood,
without blushing,
you feel no compassion
for those who open their fist
to beg for life.”
The June 28, 2009, military takeover of the government of Honduras and the ouster of President Manuel Zelaya completely altered Honduran society. In the aftermath human rights abuses as well as the percentage of homicides per capita soared. Although powerless to adequately combat the new regime through force of arms, many Hondurans, especially women, refused to silently accept what was happening to their country. This resulted in, among various forms of protest, a flood of poetry speaking out against current policies, commemorating the heroes and the martyrs of the resistance, and demanding change. In this revised and augmented anthology 53 female poets from the small Central American country are given a platform from which they can voice their cries to the world.

Although every poet represented in the book does not exhibit equal literary strengths, they were included not so much for their aesthetic abilities but for the importance of their voice in the overall movement. Some, like Venus Ixchel Mejia, are professional poets and editors. Others like Suyapa Antunez Cerrato, a gum and candy vendor in Tegucigalpa’s Central Park, are from very different walks of life. All, however, write with passion, and their verse resonates with true and personal emotion. Many have also suffered for their stance. Cerrato, for example, was beaten so badly by the police for her resistance activities that she is now partially blind in one eye. Others have received death threats.

The book is enhanced by the inclusion of the original Spanish versions along with the English translations of the poems, giving bilingual readers a much richer experience. Excellent editing and just the right amount of introductory and supplementary material add to the anthology’s overall effectiveness as well. Poignant and powerful, this important collection offers a valuable and unique perspective on recent Honduran history.

Reviewed by John E. Roper

RECOMMENDED by the USR

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Holocaustos propiciatorio del Arte

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En el año 1900, cuando aún los fantasmas del siglo XIX controlaban el destino caótico de Honduras, el poeta Juan Ramón Molina (1876†1908), altamente conocido en los círculos literarios e intelectuales de Centro América, fue condenado a trabajos forzados en la carretera del sur, a causa de una nota que publicó en el diario que él dirigía.

El criminal artículo, no era siquiera un escrito suyo, sino uno que se le atribuye a Benjamín Franklin, titulado: «An Axe tu Grind», que literalmente significa «un hacha que afilar», pero que sería más algo así como «Tener un reclamo (que presentar a alguien) por algo que le han hecho». En la historia de Franklin, el narrador comienza describiendo una memoria que guarda de su infancia: …una fría mañana de invierno, un hombre se acerca sonriente con un hacha al hombro. —Mi lindo niño —le dice—, ¿tiene tu padre una piedra para afilar hachas? —Si señor —responde el niño.  —¿Me puedes afilar el hacha con ella? —pregunta el hombre que halaga al niño de una manera contante. El pequeño, embrujado por las dulces palabras del hombre, trabaja sin descanso, las manos se le llenan de ampollas. Aquel hombre no para de cargarlo de cumplidos. —Estoy seguro de que eres uno de los mejores chicos que he visto en mi vida —le dice. Pero por más que el pequeño trabaja, el hacha (que es nueva) no termina de afilarse. Trabaja y trabaja sin avanzar mucho, hasta que suena la campana de la escuela. El niño se disculpa porque tiene que irse y el hombre, mal agradecido, se molesta, insultándolo, llamándolo holgazán, truhán, sinvergüenza.

Durante el proceso judicial que se le llevó al poeta Molina por aquella publicación (si podemos suponer la existencia de tal cosa) se argumentó que el artículo era una crítica al gobierno del presidente Terencio Sierra,  quien fue presidente de la república de Honduras entre 1898 y 1902 y  de quien Molina fue parte en su campaña presidencial. Del cuartel San Francisco Juan Ramón Molina salió a la cárcel, de allí fue llevado a picar piedra en la construcción de la carretera al sur del país, en lo que el abogado y escritor Eliseo Pérez Cadalso describiera como la «Siberia hondureña» en su libro Habitante de la Osa Mayor.

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Presentación “El Dios de Víctor y otras herejías”.

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Casasola Editores presentó la noche del miércoles 18 de febrero en el Café Paradiso, la colección de cuentos El Dios de Víctor y otras herejías del autor hondureño Óscar Estrada. Un proyecto literario que recoge cuentos que fueron acumulándose en los archivos del autor por más de quince años. Cuentos de profunda reflexión existencial, con el trasfondo de la cotidianidad del hondureño, la guerra y sus efectos, y lo absurdo que es la muerte temprana. 

El evento inició con la lectura del prólogo escrito por el poeta Rigoberto Paredes. Paredes sugiere que para Óscar Estrada, la verdadera Herejía es la guerra y celebra la publicación del libro como lo hacemos nosotros en Casasola Editores. 

Seguidamente, Óscar Estrada realizó la lectura de los cuentos: “La vida es esto” y “El jardín de Clementina”. Ambas piezas retratan el encuentro con la muerte, que viene a ser el hilo conductor del libro. ¿Cómo trascendemos ante la inminencia de la muerte? La respuesta parece ser una y otra vez: asumiendo las verdades que nos ofrece el existir.

Como último punto de la presentación, Óscar Estrado y René Centeno, en representación de Casasola Editores, iniciaron un conversatorio en el cuál se habló sobre el proceso para la selección del nombre de El Dios de Víctor y otras herejías; sobre las decisiones editoriales que llevaron a la publicación del libro a su formato final y sobre las expectativas que tiene sobre la obra. De manera espontánea, la audiencia inició su participación elaborando preguntas de diversa índole en torno a la literatura, el cine y la creación artística como tal.

En Casasola Editores nos encontramos muy complacidos por la presentación de este libro, que permite al lector reconocer el talento y madurez artística de este escritor, quien esperamos nos siga sorprendiendo con su trabajo por muchos años más.

Tegucigalpa M.D.C., 19 de febrero de 2015

Fotos de Delmer Membreño

PANORAMA DE LA POESÍA HONDUREÑA (5)

03) El General Carías, en Zambrano, junto a su esposa,Juan Manuel Gálvez , Antonio C. Rivera y José María Albir, alias “pico de oro”, de boina.

PorOscar Castañeda Batres

El año de 1935 marca una crisis definitiva en la Historia de Honduras: se inicia el proceso de entronizamiento de la dictadura —auspiciada, y mantenida después, por las empresas imperialistas y por los grandes terratenientes— que va a durar hasta 1956. Con Carías, Juan Manuel Gálvez y Julio Lozano, el pueblo hondureño será privado de sus derechos, y sus mejores hombres perseguidos y aniquilados durante veintiún años.

Bajo este clima nuevo —que coincide con situaciones idénticas en todo Centroamérica, excepción hecha de Costa Rica— una nueva generación literaria surge en Honduras. Es la Generación de la Dictadura. Largo sería enumerar los nombres de quienes la integramos, porque abarca un amplísimo período, si nos atenemos a un criterio de condicionamiento para determinar lo generacional. Los escritores que desde 1935 hasta 1950 iniciaron su obra poética quedan englobados en esta generación.

Pero si sería largo enumerar nombres, es indudable que resulta fácil fijar la obra de estos escritores y poetas. La mayoría, situados dentro del sistema dictatorial, continuaron a la zaga de su tiempo y de su pueblo, ajenos a la tragedia de la nación. Unos por conveniencia, otros por miedo, los más por aislamiento, cultivaron una poesía de trasnochado sentimentalismo, de imaginario erotismo, de flor y nube. Su obra carece de interés y de valor literario, porque tampoco supieron salir de los moldes arcaicos o de los tópicos trillados de la poesía subjetiva. Citar nombres es innecesario.

Pocos —los menos— llegaron con impulso social a la poesía e hicieron de ella trinchera y bandera de inconformismo, de rebeldía. Quiero significar a esta generación a través de sus dos más destacados representativos.

Vicente Alemán h. (1912) es, sin duda, el más alto temperamento de poeta que haya producido Honduras. Por la poesía sacrificó hasta el nombre: adoptó para ella el seudónimo de Claudio Barrera, en su juventud primera; y desde entonces yace insepulto Vicente Alemán h.

En Claudio la poesía no fue ocupación precoz: fue primero niño, adolescente, hombre; y, siéndolo ya, sintió madurar dentro de sí el Verbo. No hubo en su obra angustias postizas ni tragedias falsificadas ni rimas trasnochadas a los amores imposibles, con todo y ser bohemio impenitente. “Comencé esta inofensiva costumbre de publicar versos —escribe él— allá por el año de 1937, cuando tenía 25 años, vividos entre una euforia adolescente y huraña”.

En Tokio, en 1939, se edita su primer libro: La pregunta infinita, poema elegiaco a la memoria de Marco A. Ponce. Parece como que, simbólicamente, Claudio hubiera querido iniciar su canto recogiendo la poesía de allí donde quedó truncado el rumbo nuevo: atleta olímpico que recoge el fuego sagrado para seguir la carrera. El hilar perenne de Marco —esa angustia vital que nunca ha de abandonarlo— es su primera confesión:

yo también hilo y deshilo

suertes en copas de sal…

Tres años después (1942), publica en Honduras Brotes hondos, donde se augura ya una nueva tónica en nuestra lírica, un mensaje que no estaba antes en nuestra poesía. Luego, en México, en 1944, publica Cantos democráticos al general Morazán, albor primero de poesía ciudadana consciente en aquel clima feudal en que la palabra misma democracia estaba prohibida. Morazán es el pretexto —como lo será más tarde en mi libro La estrella vulnerada— para anunciar —la Segunda Guerra tocaba a su término y parecía que una nueva era empezaría para el mundo— el fin de la noche hondureña:

Veremos desde ahora, por todos los horarios de la tierra,

marcar la hora propicia con rumbo a tu llegada.

Vienes en un momento terrible a nuestra suerte,

porque se juega el mundo su carta ensangrentada.

Después de los Cantos democráticos vinieron: Fechas de sangre (San Salvador, 1946), Las liturgias del sueño (San José de Costa Rica, 1948), Recuento de la imagen (Tegucigalpa, 1951), El ballet de las guarias y La niña de Fuenterrosa (Tegucigalpa, 1952) y La estrella y la cruz (Tegucigalpa, 1953). Finalmente, hace pocos años, decidió editar un volumen de Poesía completa, que bien sabemos será el primer volumen de ella, porque a sus 47 años fecundos está muy lejos de la pregunta infinita.

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