RACISMO INTELECTUAL EN COSTA RICA Y GUATEMALA, 1870-1920 Parte 1 de 3

4831780513_0b6e7f50f5

Por Steven Palrner

Este ensayo compara la manera en que los intelectuales de Costa Rica y Guatemala interpretaron el concepto de raza durante el medio siglo conocido como el período liberal (1870-1920).

Mi argumento básico es que, a lo largo de este período, los intelectuales costarricenses tendieron a adoptar cada vez más los supuestos de1 darvinismo social en su empeño por concebir una nación de raza homogénea que debía ser protegida de la contaminación racial, en tanto que los intelectuales guatemaltecos en su mayoría rechazaron la legitimidad de las doctrinas eugenésicas ortodoxas, al imaginar soluciones al llamado “problema del indio”, y en su lugar enfatizaron la asimilación cultural y biológica.

Esta tesis es contraintuitiva ya que, en esos años, Guatemala contaba con una numerosa población indígena sometida a formas brutales de subyugación y coerción institucionalizadas a través de agencias de poder público, mientras que en Costa Rica las formas de explotación basadas en percepciones de diferencias raciales no jugaron un papel importante en la economía política del país.

No es mi intención argumentar que una comunidad intelectual fue racista, mientras que la otra no lo fue. Más bien me gustaría plantear que la comprensión de los diferentes estilos de racismo que ambas elaboraron arroja luz sobre el desarrollo de sus respectivas culturas políticas en el período que abarca desde el último tercio del siglo XIX hasta el presente. Por otra parte, los casos de Guatemala y Costa Rica se prestan para una comparación en esta área, porque cada una de esas culturas intelectuales se vio influenciada considerablemente por la percepción de la experiencia de la otra.

A continuación me propongo delimitar brevemente el terreno al que mi tesis corresponde.

Defino al grupo de intelectuales del que trata este ensayo como individuos ocupados principalmente en la articulación de una cultura nacional. Ellos constituían una capa muy corta de intelectuales activistas, compuesta casi en su totalidad de hombres. Algunos de ellos pertenecían a los sectores terratenientes y comerciales, pero la mayoría probablemente solo aspiraba a ingresar en dichos círculos a través de lazos matrimoniales. La mayoría ocupaba importantes cargos públicos de una clase u otra e inevitablemente poseía títulos profesionales.

Durante el período considerado, con la creciente función ética o educacional de los estados liberales se crearon nuevas plazas cuasiautónomas que acabaron por ensanchar esta capa de intelectuales en cuanto a número y origen social. Esto se puede apreciar muy claramente en la expansión simbiótica del periodismo, la publicación de libros y la educación pública (aunque en Guatemala es probable que dicha expansión cesó en 1894, y fue seguida por un período de contracción de 1895 a 1920). Estos intelectuales actuaban sucesivamente o simultáneamente en calidad de funcionarios públicos o diplomáticos, periodistas, autores y editores de publicaciones sobre educación, a la vez que participaban en polémicas políticas y filosóficas, en la docencia a nivel secundario y universitario y en otras actividades profesionales.

Esta “ciudad letrada” era casi toda capitalina. Desde luego que estas comunidades intelectuales sufrieron cambios considerables a través de este período de cincuenta años, en gran medida caracterizado por conflictos generacionales que a menudo cobraban expresión en amargas disputas doctrinales, estilísticas y programáticas y cuya importancia no debe ser subestimada. No obstante, ambas comunidades de intelectuales compartieron un mismo cometido durante todo este largo período. El objetivo general de sus esfuerzos consistió en secularizar y civilizar sus respectivas culturas populares a fin de adelantar el progreso y 1a modernización. La creación de esta cultura nacional se pretendía lograr mediante la mezcla de interpretaciones de culturas cosmopolitas (usualmente las de Europa occidental o Norteamérica) con extracciones concretas de una variedad de culturas locales y regionales, homogeneizadas tanto como fuese posible, y proyectadas a través de la sociedad como imágenes de la identidad nacional o como metas para la autorrealización nacional.

Resulta sólo parcialmente útil el equiparar la proliferación de la actividad intelectual durante este período con la creación de una “esfera pública” que a su vez forma y fomenta “la opinión pública”. No está del todo claro que el análisis de Jürgen Habermas sobre el desarrollo de la esfera pública en Inglaterra, Francia y Alemania sea igualmente valioso para comprender la experiencia latinoamericana. Ciertamente una especie de sociedad civil adquirió forma durante esta era en ambos países, con la notable expansión de revistas, periódicos, clubes, negocios, organizaciones profesionales y filantrópicas, además de otras instituciones semejantes (aunque, una vez más, la Guatemala bajo

Estrada Cabrera debe ponerse en paréntesis a este respecto). Sin embargo, aún durante los momentos más democráticos de este período

de cincuenta años, esos espacios de sociabilidad que se ocupaban principalmente en la creación de una opinión pública fueron casi siempre emanaciones del Estado, a merced del mismo, o práctica preparatoria para la ocupación de cargos estatales.

Ellos constituyeron en realidad crisoles para la creación de lo que llamaré “opinión oficial”, un proceso que siempre se vio fuertemente influenciado por la conciencia de la disposición oficial precursora.

No me propongo sostener que la opinión oficial sobre el concepto de raza en ambos países fue reflejo o creación de las políticas estatales, ni mucho menos un indicador de acción política, aunque existen conexiones que quedan por ser aclaradas en investigaciones futuras.

Tampoco es mi intención afirmar que estos discursos intelectuales sobre el concepto de raza fueron hegemónicos o tuvieron una relación directa con respecto a otros indicadores de racismo dentro de las sociedades.

De nuevo, investigaciones adicionales son necesarias a fin de establecer estas relaciones decisivas. Lo que intento llevar a cabo aquí es trazar la trayectoria de la opinión oficial sobre el concepto de raza en relación con la creación de una cultura nacional. Antes de entrar en materia, sin embargo, creo conveniente el ofrecer un breve bosquejo sobre las principales teorías raciales disponibles a los intelectuales en cuestión.

Puesto que buena parte de la confusión acerca de la naturaleza del racismo oficial en Guatemala proviene de una comprensión cuestionable del darvinismo social, me parece apropiado comenzar con algunas observaciones acerca de este notorio sistema de doctrina racial. Para e1 caso de Inglaterra, su “lugar de origen”, R. J. Halliday ha aportado una definición estricta del darvinismo social, como “ese discurso que aboga por el control eugenésico de la población, un argumento basado en una interpretación exclusivamente genética o hereditaria de la evolución humana”. Halliday propone que valdría la pena extender esta definición un tanto a fin de poner más énfasis en la lucha competitiva y menos en la selección artificial, en cuyo caso “muchos otros pensadores, incluyendo Darwin mismo [y Spencerl, podrían correctamente ser llamados darvinistas sociales”. En el contexto de la filosofía, esta doctrina era una extensión del utilitarismo y el laissez faire, aunque los ideólogos de estos últimos no eran de ningún modo necesariamente Darvinistas Sociales. Los Darvinistas Sociales ingleses exigían, como mínimo, el que se pusiera fin a la asistencia pública e intervención estatal cuyo propósito, según ellos, no era otro que la protección de los elementos más débiles de la sociedad; en su forma más extrema ellos abogaban por medidas de orden público y medicina para el control de la degeneración racial y para ajustar la tasa de nacimiento diferencial a fin de favorecer el crecimiento de esos especímenes considerados como de “buena raza”.

¿Hasta qué punto esta doctrina formó parte integrante del pensamiento social y político de occidente? Ello se ha convertido en una cuestión de gran controversia. La conocida tesis de Richard Hofstadter, de finales de la década de 1940 y mediados de la de 1950, de que la élite y la opinión pública estadounidenses de finales del siglo XIX estaban saturadas de darvinismo social ha sido rebatida por estudios recientes en Francia, Inglaterra y los Estados Unidos. En gran medida, dichos estudios reducen la importancia del darvinismo social en la esfera intelectual de Occidente. Autores como Linda Clark y Robert Bannister han señalado que, en gran medida, los darvinistas sociales eran a menudo más imaginarios que reales, algo así como espantapájaros inventados por los defensores de la reforma social. Según el planteamiento de Clark, en Francia la corriente más fuerte de pensamiento social darvinista era en realidad un “darvinismoreformista”, que entendía la teoría evolucionista como un argumento a favor de la cooperación para la preservación de la vida humana. A pesar de que otros miembros de esta nueva generación de investigadores persisten en sostener que, en efecto, el darvinismo social fue hegemónico en muchos círculos intelectuales de Occidente, la polémica nos debe servir como advertencia de que el análisis del concepto de raza no es una tarea fácil, y que es inválido deducir eugenesia de cualquier aseveración o sistema evolucionista o positivista.

Charles Hale ha interpretado las teorías latinoamericanas sobre raza del siglo XIX como mezclas de diferentes fuentes de racismo europeo moderno superimpuestas sobre una compleja herencia cultural colonial de interpretación y clasificación racial. Un nuevo vector europeo fue transmitido a través de las obras de autores románticos tales como los célebres Arthur de Gobineau e Hippolyte Taine, quienes entendían el concepto de raza como “una nacionalidad o un pueblo que se desarrolla con el paso del tiempo, diferenciado de otros por el lenguaje, la religión o la geografíaJ’. Una segunda fuente fue la noción de raza desarrollada en el contexto de la teoría de la evolución, la que cobró gran ímpetu entre 1859 y 1871 con la publicación de las dos obras más importantes de Darwin. Pero como Hale señala, la fuente principal de una noción evolucionista de raza y degeneración racial en Latinoamérica fueron las obras de Herbert Spencer y no, como la gran mayoría de los historiadores centroamericanos parecen creer, las de Auguste Comte. Aparte del hecho de que Comte poseía una noción muy vaga de lo que era la evolución racial, la gran influencia de Spencer se debía a la presencia en su trabajo de una dimensión comparativa etnográfica, o antropológica, inexistente en el trabajo de su rival y mentor frances, y porque Spencer aunó de manera explícita sus teorías sobre la evolución social con las ideas de Darwin y formuló unas conclusiones drásticas en cuanto a lo que todo ello significaba para los grupos humanos (por ejemplo, fue él quien acuñó la expresión “la sobrevivencia de los más aptos”).

A estas dos corrientes se añadió una tercera, la de la sicología social, cuyo ideólogo más leído fue el popular escritor de ciencia francés, Gustave Le Bon. En su trabajo, el concepto de raza constituía el elemento principal en el establecimiento del carácter moral de un pueblo. Fue así como, hacia el último tercio del siglo, “las nociones históricas y antropológicas de raza convergieron y se unieron a otros numerosos temas de las ciencias sociales del siglo XIX.

En realidad resulta prácticamente imposible separarlas una de otras. La noción de raza fue invocada para clasificar diferencias etnobiológicas mínimas; fue también empleada muy a menudo como sinónimo de “nacionalidad”; y fue usada en términos mas amplios para significar generalidades culturales, tales como “la raza latina”. La más de las veces, su uso condensaba dentro de sí muchos odos, estos significados, pasando por alto posibles contradicciones, por lo que el sentido preciso del término debe ser siempre extraído del contexto en que se le encuentra.

Una colección reciente de artículos sobre la idea de raza en Latinoamérica sugiere que en países donde la poblacion era racialmente heterogénea, o fuertemente mestiza o mulata, los intelectuales malinterpretaron adrede las teorías europeas -en particular la noción que equiparaba el mestizaje con degeneración racial-, a fin de poder plantear un futuro racial más brillante para la nación. Por otro lado, en países como la Argentina, donde se suponía que el mestizaje había sido insignificante, las teorías sociales darvinistas y eugenésicas alcanzaron mucha más popularidad. El trabajo de Nancy Leys Stepan refuerza estas conclusiones, destacando que la originalidad de una de las corrientes más fuertes dentro del movimiento eugenésico latinoamericano residía en la idea del “mestizaje constructivo”, la cual en sus variedades latinoamericanas habría sido, y fue, anatema para los eugenistas europeos. Dicha idea permitió a los latinoamericanos plantear un tipo mestizo o mulato de buena raza, “lo cual a su vez puso la ciencia racista a la disposición de sus propios proyectos políticos y les permitió llamarse a si mismos naciones en vía de desarrollo”.

Nuestro trabajo presenta una confirmación comparativa sorprendente de dichos planteamientos recientes, no obstante que Guatemala y Costa Rica tuvieron peculiaridades interesantes a las que a continuación dirigimos nuestra atención.

Continua: EL CONCEPTO DE NARRATIVA NACIONAL EN GUATEMALA

________

Steven Palmer es canadiense y obtuvo un doctorado en Historia Latinoamericana en la Columbia Universiry. Escribe en Great Eastern: Newfoundlandk Cultural iWagazine, es comentarista en la Canadian Broadcasting Corporation y realiza investigaciones sobre la historia de la política social de Costa Rica. Recientemente impartió cjtedn en la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica. El autor desea reconocer la generosa asistencia financiera doctoral y posdoctoral del Consejo para las Ciencias Sociales y las Humanidades de Canadá.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s