Diagnóstico sobre la poesía hondureña

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Antonio Cienfuegos

No es que me guste empezar (en este caso retomar) las columnas citando, simplemente encuentro pragmático utilizar una idea contundente como hilo conductor de algo que quiero decir de la manera más sencilla, en todo caso, me exonera de mí mismo. En su libo Descolonizar el saber dice Boaventura de Sousa Santos que es tan difícil imaginar el fin del colonialismo como es difícil imaginar que el colonialismo no tenga fin. Si la premisa es cierta, podemos pensar que en algún momento próximo o lejano, pero en algún momento, Centroamérica dejará de depender tan eximiamente de las literaturas a las que hoy se circunscribe periféricamente. En lo personal diviso lejano ese horizonte epistémico.

Sin embargo, hay ciertos escritores que me hacen recobrar la fe en que este incierto futuro se pueda precipitar antes de lo esperado. Son, a mí parecer, incansables revolucionarios de la poesía, de la literatura centroamericana, últimos bastiones de ciudades en ruinas, como si alguna catedral quedara en pie después de un holocausto nuclear, así resisten estoicos dos o tres poetas por país; tal es el caso de Fabricio Estrada y Mayra Oyuela en Honduras.

Fabricio Estrada es el escritor que ha entendido que no sólo se requiere de las experiencias y de reproducir el holocausto cotidiano sino que también hay que tener dominio de la técnica para alcanzar el goce estético, en otras palabras, el arte misma. La poesía de Fabricio tiene un halo mítico, una estela etílica que añeja los versos, hace no mucho platicaba con un poeta salvadoreño y me dijo: “Cuando leo a Fabricio me da hueva porque siento como si estuviera leyendo a Homero”, nada más alejado de la verdad; Fabricio recrea y redice, mitifica y mistifica, espiritualiza y sacraliza Sabanagrande, Tegucigalpa y Honduras misma, en todo caso, pienso que no puede haber halago mayor que te comparen con Homero. Es uno de los poetas más prolíficos de Centroamérica, ha publicado los siguientes libros: Sextos de Lluvia (1998), Poemas contra el miedo (2001), Solares (2004), Imposible un Ángel (antología) (2005), Poemas de Onda Corta (2009), Blancas Piranhas (2011), los cuales se encuentran gratuitos en su blog Bitácora del párvulo. Fabricio constituye un puente entre la poesía vieja de honduras y los poetas jóvenes (no tan jóvenes) que actualmente hay, en otras palabras Fabricio es el pater familias de la poesía hondureña hoy día. Es el heredero poético de Roberto Sosa, se formó en el  taller “Casa tomada” (1992-1996) junto con otros poetas como Rebeca Becerra, Edgardo Florian, Ruben Izaguirre, Victor Saborio, Francesca Randazzo, Diana Vallejo, Roberto Tinoco, Roberto Becerra, Luis Mendez, Oscar Flores, Antonio Calix, Sue Lainez, Marco Tulio Padilla, Lety Elvir, Alfredo Poujol, Nora Becerra entre otros, de ese taller se desprenderían poetas que más adelante formarían el colectivo de gestión poética interdisciplinario llamado “País poesible”, donde se encontramos a los poetas Carlos Ordoñez, Rolando Kattan, Salvador Madrid, Mayra Oyuela, Armando Maldonado, Dennis Ávila, Nelson Echenique, Heber Sorto, Tomy Barahona. De ahí se nutre la vitalidad de la poesía hondureña actual, de ahí podemos comprender una poesía  que se caracteriza por el desencanto, no cultural y social, sino vital, esto quiere decir que los poetas se saben en el abismo mismo, escriben con la naturalidad del holocausto, con la sentencia del dogal.

Mayra Oyuela, se ha ido constituyendo, y así seguirá, como la madre de la poesía hondureña, su poesía desprendida de la hojarasca en otoño se alimenta de la delicada sencillez de la palabra femenina, y como esas mismas hojas sus versos se han desprendido de lo inútil, se han purificado a través de una técnica depurada, la poesía de Mayra Oyuela, sin duda es la más diáfana y oficiosa escrita desde su género, para su género, pero también para los “otros”, no olvida tampoco quién es ni de dónde viene. Y como aquella madre sus versos también cobijan al pobre, al desvalido: Hoy nadie morirá en Argelia si me dejás /en Libia o Bután se traficará con armas. / Los niños de Sudáfrica no dejarán de morir de hambre  y también le duele su país, le duele en el corazón como le duele el abandono mismo: en Tegucigalpa algunos sí morirán pero por asalto a mano armada.También escuché a los detractores de Mayra, los que decían que era una niña, que sus versos no eran lo suficientemente comprometidos o maduros, también los escuché, sí. Pero yo creo que la poesía de Mayra puede responder todos y cada una de sus críticas, ella misma ha sabido ser su mejor crítica; Mayra es una poeta que utiliza el habla del pueblo en sus versos, canta junto a ellos con la sensualidad y belleza que ella misma representa. No podía ser de otra forma su poesía, sensual y bella, es la mejor sirena que siempre supo bien cómo atraer a Ulises, y siempre lo tuvo a su lado, pero cuando uno se encuentra ensimismado en el clímax tántrico de la palabra, nos regresa de un golpe, el pulso: Esta necesidad de seguir hundiendo / tus dedos en mis vísceras / apagar el silencio, / el aguacero. Tiene publicados dos libros: Escribiéndole una casa al barco (2006) y Homenaje a la sal (no tengo los datos editoriales).

Por otro lado, existen tres poetas más en los que recae mi confianza y de quienes pienso que en un futuro próximo serán escritores consolidados, entre ellos se encuentran: Ludwing Varela, Nincy Perdomo, Héctor Efrén Flores. Veo en estos tres poetas un futuro promisorio para la poesía hondureña, aunados claro, a los que ya he mencionado en la columna que antecede a la presente (http://otrolunes.com/32/). Nincy, marca una diferencia estática entre el sujeto del decir (sujeto lírico) y el objeto del hacer, existe un pleno reconocimiento entre esa voz que canta y ese objeto que es cantado, en su opera prima (Sangre y ceniza) estatiza todo en un solo canto que se desborda desde la primera página como una cascada altísima, quiero decir que el libro se debe leer en voz alta, la poesía que es contundente siempre se debe leer en voz alta, el canto empieza en un clímax, este clímax se va volviendo más nítido hasta alcanzar su punto más alto, pasada la mitad del libro, para ir descendiendo con los últimos cinco poemas, bajando el tono así como el canto se empieza a tornar palabra suave hasta terminar como rumor, acaso murmullo o susurro que se consume como una vela dejándonos una vastedad horrible de silencio, un vértigo de palabras no dibujadas, dejándonos un Vértigo de destierros no enterrados; por otro lado, la poesía de Ludwing Varela es una de las más inteligentes que leído últimamente en Centroamérica, sus versos son críticos y lúdicos a la vez: He visto a poetas de mi generación / Soltando palabras que luego caen como palomas muertas. / Unos a otros se mandan esperanzadores mensajes dentro de botellas / Olvidando que hace mucho el mar está seco. Ludwing es un poeta construye su poesía a partir de una ontología del resignado, en sus versos se puede percibir un canto al olvido: Mi ausencia es un barco que naufraga en el  seco mar del olvido. / Mi ausencia soy yo, mi nombre es una llaga más entre todo ese país de llagados; Héctor es un poeta que merece especial atención, puesto que escribe sobre la resistencia fáctica, desde la resistencia real, agazapado entre su gente en el pueblo de El Aguan, al norte de Honduras: Quiero vivir sabiendo que los otros viven / y que en el Aguán, / esa tierra bendita que Facusse y sus secuaces nos han robado, / los campesinos viven conmigo… Esto lo convierte en los pocos poetas realmente comprometidos, que pasan del discurso en sus textos a la acción en las calles.

Al final, estar conscientes de lo que se está escribiendo constituye el problema más grande de los poetas centroamericanos, y es a su vez, el riesgo más visible que podemos mencionar entre un serie de riesgos que asumen los escritores en el centro del continente. Honduras, los hondureños han sabido heredar una tradición nueva de su poesía y su situación los ha encaramado y confrontado con su obra misma, son críticos y poco autocomplacientes; yo no espero que de la noche a la mañana haya una tradición poética que rinda escritores medianamente buenos ni en El Salvador ni en toda Centroamérica para eso se necesitan largos periodos de paz que se ven distantes. Pienso también que de la experiencia a la técnica hay mucho trecho y no todos los poetas salvarán ese trecho y los que lo salven serán los que logren entender que escribir el día a día y ser artista, no es lo mismo. Esto es lo que he venido diciendo desde hace un par de años, la autocomplacencia no nos llevará a ningún lado, la complacencia de estéticas extranjeras ajenas a la zona geográfica tampoco nos llevará a ningún lado. Bien entonces entendamos nosotros mismos el quehacer literario en sus diversos matices y prismas, entonces o lo dejamos como goce propio o lo hacemos bien y lo hacemos un goce estético común. Pero… y luego… ¿Luego qué?

Sobre el autor:

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Antonio Cienfuegos

San Salvador, 1981. Escritor salvadoreño, de niño vivió en San Salvador una breve temporada y luego vino a radicar a México debido a la diáspora causada por la guerrilla. Tiene estudios de Doctorado en Humanidades en la Universidad Autónoma Metropolitana en la Ciudad de México donde reside intermitentemente. Se considera a sí mismo un ante/poeta, ya que a pesar de haber publicado Otra versión de vos (Public Pervert, Chiapas, 2013), aparecido en varias antologías (Doscientos años de poesía mexicana, inv. y sel. de Jair Cortés y Berenice Huerta, Tlaxcala 2010; La luz que va dando nombre, Secretaría de Cultura Puebla, 2007; Carruaje de pájaros, Col. La lectura con hechos, 2010), y en varias revistas (Alforja, primavera 2004; Cultura de Veracruz, 2005; Casa del Tiempo, UAM, 2009), considera que la poesía se encuentra en una crisis tanto creacionista como mediática pero, sobre todo ética, en donde el poeta utiliza la poesía como un medio para obtener beneficios capitalistas como premios y becas (bajo un régimen de mafias literarias).

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Un comentario en “Diagnóstico sobre la poesía hondureña

  1. PARECE QUE SOLO HAS LEÍDO DOS POETAS, POR LO TANTO SABES MUY POCO DE LA POESÍA HONDUREÑA. EN HONDURAS TENEMOS UNOS 300 POETAS CUYA POESÍA NOS UBICA EN UNA POSICIÓN IMPORTANTE EN LO QUE SE REFIERE A LA POESÍA ESCRITA EN ESPAÑOL. NUESTRA LITERATURA NO ESTA EN RUINA, AL CONTRARIO, CADA DÍA SE VUELVE MAS VIGOROSA Y EXPERIMENTA TRANSFORMACIONES CUALITATIVAS.

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